Conducida por Valentina Fuster y Ailyn Arenas, profesionales de la Dirección de Salud Estudiantil (DSE) de la Universidad de Chile, la jornada entregó orientaciones concretas para reconocer un desmayo, actuar con rapidez y coordinar apoyos, especialmente en contextos de alta exigencia académica.
En un contexto donde el estrés y la sobrecarga académica pueden gatillar episodios de malestar o emergencias de salud mental, el Programa Académico de Bachillerato realizó una capacitación dirigida a todo su equipo para fortalecer la respuesta ante desmayos de estudiantes. La actividad fue impartida por Valentina Fuster y Ailyn Arenas, de la Dirección de Salud Estudiantil (DSE) de la Universidad de Chile, y se enmarca en el ciclo formativo impulsado por el equipo de Inclusión del Programa.
La capacitación abordó señales de alerta, medidas de prevención y criterios para escalar la atención. Sin embargo, la recomendación principal se comunicó con claridad: si una persona se desmaya, la acción más útil y directa es acostarla y elevar sus piernas. Esta medida busca favorecer el retorno del flujo sanguíneo en episodios que, muchas veces, se relacionan con una caída brusca de presión, y puede marcar una diferencia en la recuperación inicial.

El taller revisó indicadores previos frecuentes como palidez, sudoración, mareos, visión de “puntos” y labios pálidos o resecos. El mensaje operativo fue que si el malestar aparece, conviene intervenir temprano, privilegiando una posición segura y evitando que la situación escale.
Coordinación en equipoOtro aprendizaje práctico fue la importancia de actuar coordinadamente. En situaciones reales, una sola persona no puede realizar todas las tareas a la vez, por lo que la recomendación es delegar con instrucciones claras (en voz activa): “toma el tiempo”, “llama”, “despeja el espacio”, etc. También se enfatizó registrar el tiempo desde el inicio del episodio y verificar signos básicos como el pulso.

Cuándo escalar: llamado a SAMU y señales de alarma
Se distinguió entre desmayos habituales y situaciones que requieren respuesta urgente. Se indicó que corresponde llamar a Servicio de Atención Médico de Urgencia, SAMU, (131) si la persona no reacciona o no recupera la conciencia en aproximadamente un minuto, o si existen signos de alarma como un golpe fuerte, respiración alterada o ausencia de pulso. «En esos casos, el rol del equipo es pedir ayuda a tiempo y seguir instrucciones del personal especializado», recalcó Valentina Fuster.
Autoregulación: bajar la ansiedad es parte de la atención
Para finalizar, las profesionales presentaron herramientas de apoyo para ansiedad intensa, especialmente relevante en periodos de evaluación: respiración por tiempos con exhalación más larga (por ejemplo, inhalar en cuatro tiempos, mantener 2 tiempos y exhalar en 6), hablar lento y reducir estímulos. También se abordaron medidas de cuidado posterior como aflojar la ropa, abrigar si aparece frío y coordinar el acompañamiento posterior.

La capacitación dejó una idea fuerza: ante un desmayo, no se trata de improvisar ni de “hacer mucho”, sino de hacer lo esencial. Y lo esencial, en la mayoría de los casos, es acostar a la persona y elevar sus piernas, además de actuar en equipo y saber cuándo escalar a servicios de emergencia.