Con énfasis en la primera atención y la comunicación efectiva, la jornada revisó criterios de buen trato y desafíos institucionales vinculados a información y apoyos.
El martes 23 de diciembre de 2025, en el Programa se realizó una nueva capacitación para continuar el ciclo formativo organizado por el equipo de inclusión de Bachillerato. La jornada se enfocó en gestión inclusiva en neurodivergencia, buen trato y herramientas prácticas para la atención cotidiana de estudiantes, con el objetivo de relevar que el trabajo de inclusión exige que los equipos actúen de manera coordinada y con criterios comunes.
La sesión fue guiada por Andrés Tobar, terapeuta ocupacional de la Subdirección de Equidad e Inclusión de la Universidad de Chile, quien enmarcó la conversación desde el enfoque de derechos y la corresponsabilidad institucional. En ese sentido, subrayó que el desafío no se reduce a “buena voluntad”, sino a condiciones reales para el ejercicio efectivo de derechos: “En el mundo de los favores, los derechos no existen”, recalcó.
En esta oportunidad, el tema principal fue la atención directa y la comunicación diaria con estudiantes neurodivergentes. El profesional sintetizó tres prácticas fundamentales para orientar la interacción, especialmente en contextos de alta demanda o potencial desregulación: literalidad y precisión, accesibilidad sensorial, y anticipación y predictibilidad. En este último punto, explicó que los cambios e improvisaciones pueden ser un factor crítico para algunos estudiantes, por lo que anticipar pasos, tiempos y condiciones ayuda a disminuir angustia y a sostener la participación.
Estas claves apuntan a una idea simple: reducir incertidumbre y barreras en lo cotidiano. La literalidad y precisión implica comunicar con instrucciones claras, sin dobles sentidos, sin sobre informar y con pasos concretos (qué se hará, cuándo y cómo). La accesibilidad sensorial invita a observar el entorno —ruido, luz, temperatura, aforo, ventilación, entre otros— y ofrecer alternativas cuando esos estímulos afectan el bienestar o la permanencia en el espacio. Y la anticipación y predictibilidad se traduce en avisar con tiempo los cambios, explicar lo que viene y dar márgenes de preparación, especialmente cuando hay trámites, esperas o transiciones entre espacios. Por ejemplo, cuando las pruebas se cambian de sala o cuando se posponen algunas actividades.

Desafíos institucionales: identificación, datos y resguardo de información
Durante la conversación se abordaron algunas dificultades que impactan directamente en la gestión: por ejemplo, las limitaciones para identificar necesidades de apoyo cuando los instrumentos se organizan en torno al diagnóstico. En esa línea, se señaló que el FOCES —Formulario de Caracterización Estudiantil de la Universidad de Chile— al levantar información principalmente desde el diagnóstico, puede dejar fuera a una parte significativa de estudiantes. “Perdemos más o menos el 70% de los casos que no tienen diagnóstico y que sí necesitan apoyo”, precisó Andrés Tobar.
Otro eje relevante fue el resguardo de datos sensibles y los límites de acceso a información personal. Se enfatizó que, a nivel institucional, el punto más crítico es el RUT, y que existen definiciones y protocolos sobre qué información de los estudiantes puede compartirse y con qué alcances, además del rol que cumplen unidades especializadas para solicitudes y cruces de datos.
La mirada desde el equipo: alineamiento y preparación
Desde la experiencia del equipo del Programa, Macarena Ortega, jefa del equipo de auxiliares, valoró la continuidad del proceso formativo y su impacto en el trabajo cotidiano. “Esta es la tercera capacitación a la que asisto: participé en la primera, luego en una exclusiva que se hizo para auxiliares y ahora en esta. Me parece fundamental que todo el Programa actúe alineado, porque quienes estamos todo el día aquí tenemos contacto con las y los estudiantes. Nos puede — y nos ha tocado— asistirlos, y necesitamos manejar conceptos, normativas y técnicas de servicio o asistencia para responder mejor ante una emergencia o un requerimiento”, dijo.
“Tener criterios comunes ayuda mucho y esto sirve mucho para estar informada sobre las neurodivergencias, pero también creo que se necesita avanzar en tener condiciones concretas: lugares adecuados, roles claros y una ruta de acción que se cumpla y respete por toda la comunidad. Eso nos protege a todos: tanto a los estudiantes como a los que atendemos a estudiantes a diario“, opinó Rocío Molina, integrante de Secretaría de Estudios del Programa.

La jornada terminó con una actividad práctica para la construcción colectiva de un “decálogo de atención”, que se vaya construyendo en el tiempo y ajustando a la realidad del Programa. El objetivo es relevar e instalar que la inclusión no se juega solo en documentos, sino en prácticas concretas, coordinadas y sostenidas por todos los equipos que habitan a diario el espacio universitario.
En caso de dudas con respecto a este tema, puedes escribir a psico.bachi@uchile.cl
Unidad de Comunicaciones y Gestión Cultural
Programa Académico de Bachillerato