Los efectos de la educación online en los hogares

 Publicado en Destacados, U. de Chile,

SABERES DOCENTES, Centro de Estudios y Desarrollo de Educación Continua para el Magisterio, de la Facultad de Filosofía y Humanidades, convocó a diversos actores integrantes de las comunidades educativas para conocer sus experiencias en esta contingencia.

La crisis derivada de la pandemia por el COVID-19 ha generado trastornos en diversos ámbitos del quehacer diario. La educación escolar no está al margen de esta realidad y es una de las causas de los principales cambios en la cotidianeidad de las familias.

Mientras el Ministerio de Educación elabora un plan que analiza las propuestas para el “retorno seguro” a clases presenciales, los efectos que ha provocado la pandemia en la educación y en los hogares chilenos no se ha hecho esperar.

El Ministerio ha forzado al sistema educativo a intentar conservar la ‘normalidad’ del año escolar, trasladando la escuela a la casa. Y ello es inviable. Ya se ha demostrado que los padres y madres no pueden (ni deben sustituir a los y las docentes docentes) y que los y las profesores no estaban preparados para un cambio de tal magnitud, pues no se trata solo de cambiar el formato de la clase sino de comprender que la real educación a distancia requiere de modelos pedagógicos propios”, señala Gabriela Martini, directora de SABERES DOCENTES.

“Esta situación ha implicado aumentar el agobio de las familias, de las y los profesores y de los y las estudiantes, en un contexto de crisis sanitaria mundial, histórica, que en sí misma genera un contexto de incertidumbre, aflicción y pesar cotidiano. Y tras el tremendo esfuerzo realizado por todos los actores, las declaraciones del ministro de salud con relación a que el cierre de las escuelas fue un error, es cuando menos una ofensa a las familias, profesores y estudiantes”, agrega.

A fines de abril la Fundación Educación 2020 dio a conocer los resultados de la Encuesta llamada #EstamosConectados, en la que participaron cerca de 3.400 personas, entre estudiantes, apoderados, docentes y equipos directivos de todo el país. Las respuestas dan cuenta de cómo ha influido el contexto actual en el bienestar emocional de las y los estudiantes y cuáles son las necesidades qué reportan apoderados y docentes para enfrentar este proceso pasando de presencial a online.

Ante la pregunta, de respuesta múltiple, realizada a estudiantes, “¿qué emociones representan mejor tu estado de ánimo?”,  un 63 por ciento indicó sentir aburrimiento; un 41 por ciento manifestó sentir ansiedad o estrés, seguido por frustración y molestia, con un 35 por ciento; mientras que un 21 por ciento dijo sentir tranquilidad y sólo un 3 por ciento indicó sentirse “feliz” de estar en casa.

Por otro lado, la mayoría de docentes (91,4 por ciento) considera que, en este contexto, el acompañamiento emocional a las y los estudiantes es más importante que la enseñanza de contenidos. En tanto, la mitad de los apoderados (55,3 por ciento) reporta que les ha costado acompañar emocionalmente a sus hijos durante el período de cuarentena y un 69 por ciento dice que le gustaría recibir apoyo del establecimiento para poder hacerlo.

En este contexto, SABERES DOCENTES conversó con algunos docentes y apoderados de zonas geográficas y contextos diversos.

Definiciones sobre el período

La tarea se basó en recoger la opinión respecto a algunos tópicos relacionados a este último período de educación a distancia, lo complejo que ha resultado (tanto desde la vereda de docente y/o apoderado), la influencia en la relación familiar y si estamos preparados como sociedad para afrontar un desafío educacional de esta envergadura.

“Ha sido un período de alta tensión y estrés, tanto para los alumnos, los profesores y apoderados, pues ninguno de estos actores estaba preparado para esta modalidad de educación”, señala Richard Warner, desde la perspectiva de profesor jefe y de asignatura en un establecimiento educacional particular pagado de la Región Metropolitana y profesional que ha trabajado 21 años en proyectos de educación a distancia. Como explica, para los profesores tener que rediseñar su trabajo hacia una entrega vía plataformas de educación online, “ha significado reconfigurar su rol, los objetivos, actividades y contenidos de sus asignaturas. Los sostenedores y/o dueños de los establecimientos educacionales no han hecho el proceso de definir cuáles serán sus propósitos para este período, imponiéndose en este vacío de definiciones los requerimientos de apoderados que exigen respuestas desde la escuela que eventualmente le aseguren a su pupilo/a no verse afectados en sus expectativas de logro escolar”.

Desde otro contexto, Patricia Quape, docente del Colegio Santa Teresa de Jesús de los Andes ubicado en la comuna de Huechuraba, coincide en que la situación fue sorpresiva, afectando desde el plano directivo hasta los docentes.

“La verdad que al principio fue un balde de agua fría. Creo que nos costó reaccionar al momento de confinamiento social. Hasta la dirección del colegio no tenía las directrices claras y de a poco y con reuniones online por ciclos, fuimos buscando soluciones que fueran más reales a nuestro contexto. Algunas fueron más efectivas que otras”, aclara, advirtiendo como una segunda dificultad que los docentes, en su mayoría, no son nativos digitales y que los alumnos cuentan muchas veces solo con el celular de uno de sus padres para comunicarse”.

Realidad no muy distinta es la que ha percibido Helia Rojas, profesora de lenguaje del Liceo Leonardo Murialdo de Recoleta, quien señala que “ha sido complejo, porque me gusta la interacción con los alumnos y no lo puedo hacer del todo con esta modalidad. Además, no todos los alumnos pueden ingresar a las clases, ya que no todos tienen una buena conexión de internet o computador. Sin embargo, me he dado cuenta, que debemos ser capaces de adaptarnos a la situación país que estamos viviendo y para algunos ha sido más fácil que para otros”.

En tanto, para María Constanza Melgarejo, profesora y psicopedagoga de la escuela pública Las Américas, ubicada en un sector periférico de la ciudad de Talca, la dificultad de conectividad también asoma como un punto angular en el déficit de este periodo, requiriendo apoyo familiar a la hora de asegurar que los alumnos tengan su material de estudio.

“Me desempeño como profesora jefa de un segundo básico, con 23 alumnos, entre los cuales 5 cuentan con necesidades educativas especiales y tenemos un 87 por ciento de vulnerabilidad, lo que de seguro irá en aumento debido a la pandemia. Como docentes tenemos la labor de educar y para eso dedicamos nuestra vida, dentro y fuera del aula, a buscar las instancias para que nuestros alumnos logren alcanzar los aprendizajes en estos momentos tan difíciles. Sabemos que la sala de clases es irremplazable y que nuestra enseñanza a distancia no es lo mismo, pero estamos tratando de hacer todo lo posible para lograrlo”, comenta la profesora, junto con señalar que a diario recorre algunos hogares de los estudiantes para entregar personalmente las materias y guías para aquellos que lo requieren.

Realidad familiar

Sin embargo, este aterrizaje forzoso no fue tan solo para los académicos, sino también para los/as apoderados/as, sin dejar de lado que los/as propios/as docentes entrevistados/as cumplen este doble rol. Es el caso del profesor Richard Warner, quien argumenta desde la perspectiva de padre y apoderado de un joven con Síndrome de Down que asiste a un Colegio Especial (Diferencial) de carácter municipal, “he debido asumir los roles de tutor o facilitador del aprendizaje. En algún grado esto ha afectado la relación familiar, pues no siempre mi hijo acepta esta participación tan invasiva de sus padres en su actividad escolar”.

Desde otro ángulo, María José De La Fuente, actriz que actualmente trabaja en Fundación Incluir Tarea de Todos, asegura que asume “quiera o no el rol de profesora, mamá y profesional, además de encargarse de las cosas de la casa, cuentas, compras, etc. A ratos esto afecta familiarmente, porque a veces quiero que se vayan todos y se callen, ya que siento que el tiempo se va muy rápido, y no alcancé a hacer nada de lo que debía, sobre todo en mi trabajo. Entonces me quedo más horas de las que debiera en el trabajo. También ha sido un tema el estar con mis padres, ya que mientras mayores se ponen, más porfiados son, tener que además de todo lidiar con eso, es un poco cansador”.

También hay miradas distintas. Como encargada de cuentas de una agencia de comunicaciones, Alejandra Ponce, dice cumplir los roles de “mamá, psicóloga (en descompensación personal constante), chef, trabajadora de casa particular, profesora, periodista y hasta un poco veterinaria”, pero que la relación familiar ha sido menos tensionante de lo que esperaba, pero que de igual forma se ha resentido.

“La verdad es que no tanto como pensé tampoco, pero influye. Por ejemplo, en situación normal terminas la jornada laboral y haces vida de familia o te regalas tiempo para alguna actividad personal. Al trabajar mientras ayudas con las clases, lo que requiere de tiempo exclusivo para los niños y niñas, logras terminar los pendientes del trabajo mucho más tarde y el tiempo en familia se resiente. Es irónico, pero estamos 24/7 juntos, pero tenemos menos tiempo de familia”, agrega Ponce.

¿Estamos preparados?

Ante la consulta de si estamos preparados como sociedad para abordar y enfrentar este desafío de sistema de educación a distancia, todos los entrevistados argumentaron que no, específicamente coincidentes en las brechas sociales que irrumpen con los requerimientos y criterios para plasmar este tipo de enseñanza, pasando desde lo tecnológico (equipos y conectividad), aspectos culturales, falta de metodología y hasta de protocolos ante emergencias que aseguren el proceso educativo. De hecho, esta situación ha relevado una más de las tantas inequidades del sistema educativo chileno en términos de brechas digitales y acceso a la tecnología.

“Lamentablemente, también tenemos una dificultad cultural donde los jóvenes de estratos sociales más bajos no dejan hacer clases presenciales a los docentes en las escuelas, menos les ponen atención en forma virtual, no quiero ni imaginarme esos chats mientras los profesores piden que le pongan atención en 40 minutos de conexión virtual. También tenemos que pensar en los rangos etarios de los docentes. Si a los jóvenes les ha costado esta nueva educación virtual y adaptarnos a transformar nuestra forma de enseñar, imaginemos lo difícil que es para un docente de 50 y más años, donde todo esto es un universo paralelo”, advierte Patricia Munizaga, docente del Colegio Particular Científico Humanista Álvaro Covarrubias de la comuna de Independencia.

En este contexto cobra relevancia analizar propuestas alternativas como la entregada el 24 de abril por la Mesa Social Covid-19, que solicitó a un grupo de expertos de varias universidades, entre ellas la U. de Chile y la U. Católica, plantear medidas al respecto.

En la misma línea, la suspensión de las pruebas Simce, el rediseño de alternativas respecto a las NEM para quienes rindan la PSU este año, así como la reflexión en torno a verdadera relevancia de los contenidos curriculares y su cobertura son medidas urgentes. Ello, “más aun considerando que el retorno a clases estará cruzado no sólo por los problemas propios del sistema educativo, cuestionado desde hace décadas, sino que también porque el país se enfrentará a un nuevo escenario marcado por el retorno del movimiento social acentuado aun más por las graves consecuencias que la pandemia –y su manejo por parte de las autoridades- dejará en la economía nacional”, indica la profesora Martini.


Simón Collado, periodista SABERES DOCENTES.

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